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Matriarcados – La isla de las mujeres (resumen del documental)

En la isla de Orango Grande, en el archipiélago de las Bijagós, frente a la costa de Guinea Bissau, hay una tierra donde las mujeres tienen toda la autoridad, donde se organizan en asociaciones que gestionan la economía, el bienestar social y la ley. Son ellas las que dirigen, aconsejan, distribuyen los recursos y gobiernan, se las respeta como dueñas absolutas de la casa y de la tierra.

En los siguientes enlaces también se pueden ver los resúmenes de los otros dos documentales:

Matriarcados – La tierra de las hijas (resumen)
Matriarcados – Las poderosas mujeres de Juchitán (resumen)

Añadido el 3/12/13:

En primer lugar gracias por todos vuestros comentarios porque enriquecen mi trabajo de investigación, y gracias también porque con vuestra ayuda con las visualizaciones hacéis llegar Matriarcados a muchos países diferentes.

Quiero hacer algunas aclaraciones que quizá os puedan ser de utilidad. En esta comunidad bijagó de Orango Grande cada sexo tiene funciones diferentes, las mujeres siguen la tradición de sus antepasados y organizan el trabajo, la gestión de la economía y la ley, pero con un sistema de valores que aprecia al hombre por su sensibilidad y delicadeza y lo valora por las labores que realiza como son el barbecho de los campos, la caza y la pesca. Se le toma en cuenta a la hora de decidir las cuestiones de la comunidad para procurar el bien común.

Entre los bijagó los hombres organizan peleas en la playa, en ellas el desafío consiste en agarrar los genitales del contrincante hasta hacerlo caer al suelo. Es un juego divertido donde el ganador invita a los demás a tomar el vino de la palma. Así, las mujeres utilizan en algunas ocasiones este método, que no implica daño alguno, como una forma de expresión de descontento, pero nada tiene que ver con el maltrato que algunos hombres efectúan a algunas mujeres en nuestra sociedad y para ello sólo hay que analizar las estadísticas reveladoras… La comunidad bijagó es muy pacífica y nadie recuerda ningún delito de fuerza o sangre realizado en el pasado.

Podéis ver en mi blog los resúmenes de dos sociedades matriarcales más: los Mosuo, en China, y Las Poderosas Mujeres de Juchitán, en Méjico. Cada comunidad sigue tradiciones diferentes. En la diversidad de las sociedades está la riqueza del proyecto Matriarcados. No hay una manera de hacer común para todos, hay sociedades donde rige un orden distinto, y en estas sociedades el orden es más igualitario porque no impone su manera de ser y sentir. Es un gobierno matriarcal, que relaciona a la mujer con la madre que amonesta a su gente, su autoridad se basa en ello, no en una forma de gobierno coercitivo. Entre los bijagós los hombres se sienten valorados y queridos por lo que son. Hombres y mujeres, mujeres y hombres caminan juntos en su diferencia. Otra cosa es que no nos guste esta figura masculina que queda lejos de los valores patriarcales a los que estamos acostumbrados.

Siento un gran amor por el estudio de estas sociedades matriarcales porque a través del saber que adquiero de ellas aprendo que hay nuevas maneras de organizar la sociedad, nuevas maneras de ser, y éste es un reto que me obliga a revisar todo lo aprendido.

En mi ánimo está el deseo que mujeres y hombres, hombres y mujeres caminemos juntos de la mano.

Un abrazo

Anna

Clase en la Universidad de Barcelona – Matriarcados – Anna Boyé

Extret de Matriarcados


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No quiero sentirme valiente, quiero sentirme libre

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Las feministas tenemos conocimientos teóricos y apoyo social para identificar agresiones machistas. Esto debería facilitar enfrentarlas. Y probablemente lo facilite. Pero no es tan fácil. Cuando nos ocurren cosas, no siempre logramos responder.

Y claro que nos ocurren cosas. Muchas feministas hemos tenido (voy a hablar todo el rato en primera persona del plural, independientemente de si a mí me han pasado o no) compañeros sentimentales que nos han maltratado psicológicamente, que nos han presionado para tener sexo de forma habitual o que incluso nos han intimidado y agredido físicamente; excompañeros o examantes que no han atendido nuestro deseo de romper todo contacto con ellos y han seguido acosándonos; a casi todas (si no a todas) las feministas nos ha pasado que un desconocido nos diga una obscenidad, nos toque el culo, nos saque la polla o nos siga de noche por la calle y no hayamos podido responder; a muchas el jefe u otros hombres con poder de nuestro entorno profesional nos han tratado con lascivia y nos han hecho insinuaciones sexuales… Y esas son sólo algunas de las caras de la violencia machista que enfrentamos las mujeres, también las feministas.

Cuando una está sensibilizada, tiene la información y la red de apoyo, y aún así no sabe responder, se siente especialmente culpable. Es más, se siente avergonzada. ¿Cómo me ha podido pasar esto a mí?¿Cómo he podido permitirlo? ¿Cómo es que no he sabido pararlo? Si no denuncia, una se siente cobarde, muy cobarde. Un fracaso de feminista. Es rarísimo cuando te das cuenta de que, pese a ser experta en detectar expresiones de machismo y de dominación masculina en otras personas, te sientes incapaz de discernir si lo que a ti te ha pasado se puede calificar de agresión, de acoso, de abuso, de intimidación, de violación. Hablas con tus amigas feministas y lo ven claro. Hablas con tus amistades no feministas, que a veces te han reprochado que lo atribuyes todo al patriarcado, y también lo ven claro. Pides asesoramiento profesional y el análisis también es claro. Todo el mundo tiene meridianamente claro que eso que te ha pasado es una agresión, un abuso, acoso, intimidación, violación, menos tú.

En la cabeza se aturullan dilemas y discusiones internas (entre tu yo ‘mujer socializada como tal en una sociedad machista’ y tu yo feminista). Como por ejemplo:

– Insisto, no saber medir. Cada cinco minutos pasas de verlo tan claro como todo el mundo, a cuestionarte a ti misma: ¿En serio esto es tan grave como para llamarle agresión? ¿No es una palabra así como muy gorda?

– Sentir la tentación de no hacer nada, como si no hubiera ocurrido. A ratos prefieres confiar en que no va a volver a pasar. Te parece que si denuncias o respondes es echar más leña al fuego y no podrás cerrar lo vivido. Pero al mismo tiempo sabes que precisamente hasta que no sientas que hay reparación no vas a olvidar lo vivido.

– El dilema sobre si hacerlo público o no, si señalarle o no. Tu yo feminista piensa que es bueno desenmascarar a agresores. Tu yo “mujer socializada en el miedo” siente que no puede. No sabes exactamente poner palabras al miedo que te está paralizando. “¿Qué me va a pasar si le desenmascaro?” Y hay muchas respuestas: Que va a aumentar la intensidad de la agresión. Que no tengo pruebas o mi “caso” no es lo suficientemente “sólido” como para enfrentar un proceso penal o de otro tipo. Que me voy a sentir expuesta, juzgada, cuestionada. Que me siento pequeñita, y si el proceso me desgasta, me voy a sentir más pequeñita aún.

–  Te preguntas si te estás victimizando. Al fin y al cabo, lo tuyo no ha sido una violencia cruda. ¿O sí? ¿La estás sobredimensionando? Una vez más, no sabes. ¿Te estás recreando demasiado? Escuchas una vocecita que dice: “Supéralo de una vez” (a veces esa vocecita es la de tu agresor cuando se ha sentido señalado). Pero, como leí recientemente en un reportaje sobre violencia sexual en Colombia, hasta que no hay reconocimiento y reparación, una sigue enquistada en la identidad de víctima.

– Confundes tu necesidad de reparación, de sentir que la agresión no ha quedado impune, con la sed de venganza. O piensas que una respuesta como la denuncia es desproporcionada. Que te estás pasando. Que no ha sido para tanto. Que si das un paso estás declarando la guerra. Que si declaras la guerra, no sabes con qué armas aparecerá el agresor.

Algo que me tiene muy inquieta (y no soy la única), es que son pocas las violencias denunciables por la vía penal, en una sociedad que sigue basando su respuesta a la violencia machista en el consabido “Mujer, no te calles, denuncia”. ¿Dónde encuentras apoyo, reconocimiento y justicia si se trata de un delito no denunciable, porque no es una agresión física o una violación brutal sino una serie de actitudes que te han hecho polvo? Y la vía penal en sí misma es un martirio. Como decía antes, lo vivido te ha hecho sentirte pequeñita, pero el proceso te va a dejar diminuta. El pasado lunes ETB2 emitió un debate sobre violencia machista en la que una fiscal dijo algo que me pareció muy acertado: el gran error del sistema judicial español es que el proceso se inicia con la denuncia y ahí empieza todo; cuando la denuncia tendría que ser el último paso. Lo primero, sostenía, tiene que ser el empoderamiento. ¿Cómo vas a pedir a una mujer que acaba de sufrir violencia que salga entera (no te digo ya triunfante) de un proceso judicial extenuante, en el que le van a recriminar que su relato es confuso, que no recuerda algunas partes (porque fueron traumáticas y has intentado olvidarlas), o le van a acusar de denunciar en falso o a la ligera?

Una lectora de Pikara que me escribió a cuenta del reportaje ‘Yo quería sexo pero no así’, contándome que su ex la violó y que fue absuelto, me dijo: “Prefiero sufrir otra agresión que volver a tener un juicio”. Lucía Martínez Odriozola fue a su ciudad a entrevistarla. Pronto lo publicaremos en Pikara. Buf.

Hace unas semanas conocí a una chica que también sufrió una agresión sexual por parte de su ex, además durante unos encuentros de un movimiento social. La chica lo contó. Tuvo que escuchar cuestionamientos como: “No se te ve muy traumatizada” o “¿Y para qué te pusiste a dormir en bragas al lado de él?”. Es decir, los miedos que arriba comentaba no son irracionales. Sí, hablar va a iniciar un proceso que nos va a desgastar. Sí, nos vamos a sentir juzgadas, cuestionadas. Sí, esto ocurre a toda mujer que sufre violencia. Sí, también a las feministas. Pero la buena noticia es que sí que conocemos recursos, sí que podemos rebatir nuestros propios miedos y nuestras dudas, y sí que tenemos un entorno que nos va a apoyar, proteger y reafirmar.

Una compa feminista me contó el machaque psicológico que sufrió por parte de su excompañero sentimental. Comentamos que parece que todos hacen el mismo máster, porque se repiten mucho las estrategias de minar nuestra autoestima. Por ejemplo, acusarnos de no saber cuidar. Utilizar un gesto concreto (haberte dejado los cacharros sin limpiar, por ejemplo) para montar una escena en la que eres caricaturizada como un ser incapaz de cuidar. Si el macho tradicional decía que la cena está fría o que cocinas peor que tu madre, el nuevo macho te dice de formas más sentimentaloides que no se siente cuidado. El machaque es el mismo. Por muy feminista que seas, te sientes una mala esposa, un fracaso como mujer.

Pero además esos machaques disfrazados no son denunciables. Porque el agresor ha sido hábil y ha hecho las cosas de forma que desde fuera nadie vería nada extraño, pero tú has sentido claramente que las acciones estaban pensadas para hacerte daño, para minar tu autoestima, para meterte miedo, para hacerte dudar de ti misma.Hay formas de maltrato que no se pueden explicar en un juicio ni se pueden describir en un comunicado. Quien ha tenido una relación sentimental sabe cómo hacer daño sin dejar marcas. A veces hasta deseas que hubiera una bofetada, un insulto o una amenaza explícita para poder agarrarte a ella, para que nadie dudase que eso que has vivido es maltrato. Aunque lo perverso sería que esa bofetada, insulto o amenaza aislada contaría más que la acumulación de daños cotidianos irreparables.

Unos agresores especialmente hábiles y legitimados por su entorno son los que participan en movimientos sociales. No cabe en la cabeza que ese militante ejemplar, que se declara profeminista y que habla en femenino plural, pueda ser un maltratador, acosador o violador. No cuadra por ningún lado. Así que o se etiqueta como un conflicto privado que no hay por qué abordar como colectivo o se cuestiona a la víctima. Hasta ahora percibía que se hablaba poco de esto. Que las feministas comentábamos lo que nos pasaba entre pasillos. Que cuando se daba una agresión “grave” y la activista agredida denunciaba, el proceso transcurría de forma interna. Que no hay un debate serio sobre este tema. En el último año han pasado algunas cosas, que considero buenas noticias para ir desgastando la impunidad de los machos de izquierda:

– Compañeras como Alicia Murillo o Brigitte Vasallo han publicado posts sobre los llamados machirulos infiltrados. Es curioso que el vídeo de Alicia ha enfadado a algunos que, al verse retratados, han clamado que se trataba de una venganza personal. Ojalá tuviéramos a uno solo en la cabeza y no los contásemos por decenas.

– Mujeres que han vivido agresiones en contextos asociativos, lo han contado, como el caso en el Veganqueer.

– Una compañera vasca ha iniciado una tesis doctoral sobre cómo se gestionan las situaciones de violencia machista dentro de los movimientos sociales. Aún es pronto para contar más (si alguna mujer de Bizkaia que haya vivido o asistido a un caso de violencia machista dentro de un movimiento social quiere compartirlo con ella, que se ponga en contacto conmigo), pero ella me ha recomendado otra tesis doctoral relacionada, la de Bárbara Biglia.

Este año el lema de la manifestación del 25 de noviembre en Bilbao ha sido: “No quiero sentirme valiente, quiero sentirme libre”. Me ha gustado porque no es manido y hace pensar. Hay que darle un par de vueltas, pero lo entiendes, te atraviesa el cuerpo. Las mujeres seguimos cargando el peso de saber enfrentar las agresiones machistas. Se nos pide que no callemos, que denunciemos, que digamos ‘no’ alto y claro, que perdonemos, que pasemos página… Por muy hostil que sea el contexto, por muy vulnerables que nos sintamos, tengamos o no recursos y apoyo. Así que no, no quiero ser valiente, quiero ser libre. Vivir libre de agresiones machistas para no culparme por no saberlas enfrentar siempre.

Extret del Blog de June Fernández


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Violència masclista dins dels Moviments Populars (compendi 2013)

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L’existència d’agressions masclistes als nostres col·lectius és una realitat preocupant que repressenta un repte per al Moviment Feminista. El fet que en sentim a parlar no té per què voler dir que els casos vagin en augment. Podem -i hem de- lecturar com a positiu el fet que els casos es detectin, es visualitzin, es treballin i se solucionin. La gestió adequada d’aquests casos és clau i cal treballar colze a colze i amb pas ferm contra la violència masclista dins i fora dels nostres cercles militants.

Hem volgut fer ressó de l’article publicat al blog “El dit a la nafra”, escrit per Ruben Sanchez Ruiz, que fa un recull d’altres articles que tracten sobre el tema. Us convidem a llegir-los i reflexionar-hi.

Podeu accedir a l’article fent clic aquí.

“Aquest passat mes de novembre, he pogut realitzar 3 xerrades sobre un tema molt important en la lluita contra el patriarcat, “Violència Masclista i Moviments Populars”, i conforme m’he documentat per poder dur a terme les diferents activitats he descobert articles i posts molt interessants, escrits per companyes valentes, que no es callen i diuen alló que encara es nega dins dels moviments socials i espais polítics, que no estan exempts de la violència masclista, on els agressors masclistes són companys de lluita…i això genera debats, dubtes, discussions, posicionaments…en masses ocasions, quan hauria d’estar molt i molt treballat, i per contra com no és així comporta un doble dany i patiment per les companyes que les han viscut directament, doncs la pregunta és clara, que hagués passat si aquesta mateixa agressió masclista hagués estat protagonitzada per una persona aliena al nostre col·lectiu, grup, espai, assemblea o ideología? Com haguéssim actuat?
S’hagués fet una condemna ferma i contundent…s’hagués actuat de forma ràpida, sense dilacions ni històries moralistes, perquè l’agressor és l’exogrup…però i si l’agressor és de l’endogrup? Es produeix una NEGACIÓ, es dispara un mecanisme de “No pot ser…” “impossible, si jo el conec…” “bueno , no va ser ben bé així…” “però vols dir? no estarà exagerant…si és un militant exemplar”…perquè fa mal, fa mal constatar que hem estat socialitzats/des en el patriarcat i arroseguem tots els prejudicis, tòpics, creences, actituds i comportaments masclistes, acceptem que això és així, només així ens podem enfrontar-nos i combatre-ho!
Hem de treballar amb voluntat i esforç constant contra tots els tipus de violències masclistes, siguin de la intensitat que siguin, siguin protagonitzades per qui siguin, són agressors masclistes i punt! siguin invisibles o visibles, ja hagin de ser destriades de la violència més quotidiana, dels micromasclismes i ser treballades dia a dia, i de les que hagin de ser condemnades judicialment i socialment amb la màxima fermesa i contundència!”


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Coses sobre el plaer femení que mai aprendràs veient porno

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No us perdeu aquest article publicat al web Stop a la Cultura del Porno, on s’explica detalladament com excitar el clítoris i com practicar sexe oral a una dona. Una alternativa al sexe heterosexista i coitocèntric que impera al nostre imaginari per culpa, en gran mesura, de la cultura patriarcal i capitalista del porno.

Us recomanem que llegiu atentament i us animeu a posar-ho en pràctica en les vostres properes relacions sexuals!

 


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Sexe pornogràfic vs sexe real

El debat sobre la pornografia és llarg i extens però totes les posicions sempre tenen un punt en comú: el problema no és el sexe en sí mateix sinó quina mena de sexe es mostra en bona part del material pornogràfic a l ’actualitat. És mostra un sexe on la dona és l’ objecte que s’ha de posseir, s’ ha d’ humiliar, s’ ha de penetrar i violentar. Aquell on la relació sexual que predomina és la de la subordinació i cosificació de la dona. Cal tenir ben clara una premissa: la indústria pornogràfica no deixa de ser un agent patriarcal i capitalista feta per homes i per a homes. Com a conseqüència d ’això els productes pornogràfics reflecteixen una idea profundament menyspreable: la dona com a propietat.

Us convidem a que veieu aquest vídeo on s’ analitza d’ una forma dinàmica i divertida la diferència entre el sexe de la indústria pornogràfica i les relaciones sexuals que tenim totes nosaltres.


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La revolució serà feminista o no serà

Us recomanem aquest article escrit per Sílvia Alberich i Maria Rodó. Llegiu amb atenció, perquè dóna un enfocament molt interessant sobre el paper de la lluita feminista dins de les lluites socials. Us deixem amb l’enllaç a l’article i un petitíssim tast que n’hem extret.

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En definitiva, el repte que es planteja des dels feminismes és el de com fer que el qüestionament de la noció clàssica de treball, així com el reconeixement social, econòmic i de drets de moltes altres feines, esdevinguin punts ineludibles de les lluites laborals i socials. D’aquesta manera, cada vegada que les feministes reivindiquem, per exemple, la transformació del concepte de vaga per tal que aquesta eina de lluita esdevingui incloent i contempli no només el treball assalariat, sinó també el treball domèstic i de cures —així com el realitzat en l’àmbit de l’economia submergida o que, fins i tot, vagi més enllà de la idea de treball, tot integrant aquelles persones que en queden excloses— estem recordant que l’acumulació de capital és, sobretot, una acumulació de diferències i desigualtats. I aquestes jerarquitzen les persones treballadores i els treballs, sobre la base de sistemes com el sexisme, el racisme o la discriminació de la diversitat funcional. De la mateixa manera, cada vegada que des del feminisme s’alça la veu perquè es reconegui la feina de les treballadores domèstiques i es denuncia la negació de drets laborals a la qual estan sotmeses, fins i tot després de la seva assimilació al règim general de la Seguretat Social —no se’ls reconeix, per exemple, el dret a l’atur o a la vaga—, s’està denunciant una organització sexual del treball que es troba a la base de la desigualtat social.


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Entrevista al clítoris

Corre per la xarxa un article original sobre el clítoris. Quan l’hem llegit, ens ha recordat als monòlegs de la vagina, pel que fa a l’estil i la funció, reivindicar els genitals femenins com una part més del cos, difondre la seva existència i composició i trencar amb els tabús que han relegat sempre la vagina, el clítoris, la vulva, la xona, el parrús, la figa, el xixi, el xoxete, el xirri, el cony, les parts, els baixos, allò, l’almeja, el conill, el xoxo, la xirla, la patatona, el forat de l’alegria, l’entrecuix… No us perdeu l’entrevista al clítoris!

 

“soy el órgano más estigmatizado y perseguido de la historia, sobre todo en ciertas culturas, tal vez porque fui creado para cumplir con una única función: proporcionar placer”

 

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